La preciosa e idílica aldeita pesquera de Cabo Polonio, en Rocha, es uno de los rincones más vírgenes y privilegiados de todo Uruguay y, en general, podríamos decir también de toda Sudamérica. Puede presumir, aún en nuestros días, de gozar de un ambiente tranquilo y apacible, apenas maltratado por el contacto humano ni la civilización -que se reduce a unos pocos centenares de habitantes y casitas de madera y paja, principalmente pescadores y artesanos-, algo difícil de hallar en otros lugares.

Su increíble naturaleza, caracterizada por una peculiarísima mezcla de dunas móviles siempre modificadas por los vientos atlánticos de la zona y manchas de vegetación autóctona, contrastando con la dulce semblanza de las casitas de los pescadores locales, es algo realmente único en Sudamérica -a excepción de unos pocos casos contados en Brasil, de un ecosistema similar a éste. Además, goza de un clima realmente envidiable. ¿Qué más decir? Así es lógico que este espacio haya merecido la declaración de monumento natural, desde 1996, para salvaguardar su belleza sin par y su elevado valor medioambiental.

Si bien en los últimos años Cabo Polonio ha empezado a sufrir un cierto crecimiento económico y desarrollo, en virtud del creciente interés turístico por el lugar -turismo familiar repartido a partes iguales con ese otro turismo alternativo o, digamos, más hippie-, lo que ha permitido la aparición de algunos restaurantes, encantadores hotelitos y entrañables posadas y paradores, hay que reconocer que carece de camping propiamente dicho, hoy por hoy.

Es más, debemos advertir que está totalmente prohibido acampar libremente en la playa con tienda o carpa, lo único que se permite es dormir con un saco bajo la luz de las estrellas, ya está. Algo lógico, dada su categoría de reserva natural protegida. Tal prohibición va dirigida a salvaguardar la riqueza y el equilibrio natural de su frágil entorno, y a evitar posibles masificaciones de turistas, que entre otras cosas molesten a las vecinas colonias estables de lobos marinos -auténtico animal emblema del lugar-.

La mayoría de las casas carecen de energía eléctrica, a menos que dispongan de un grupo electrógeno propio, y llama la atención igualmente la total ausencia de alumbrado público. Aunque esto, visto de otro modo, tiene la ventaja de que, las noches de verano, desde Cabo Polonio se pueden admirar los posiblemente más espectaculares cielos estrellados de la costa de Uruguay. No hay mal que por bien no venga.